Por decir algo...
El (Beta)Blog de Agustín Raluy
martes, febrero 08, 2005

Fragilidad

Esta mañana la he dedicado al papeleo... Lo odio, pero de vez en cuando no queda otro remedio que hacerlo. Uno de los sitios a los que he tenido que ir ha sido el banco y ahí, mientras guardaba fila hasta que me atendiesen ha sucedido algo inusual.

Así, de repente, el chico que estaba un par de puestos por delante mío en la fila ha hecho un movimiento extraño y se ha caído al suelo, como un peso muerto. Lo he visto venir, pero no he sido lo suficientemente rápido: mientras caía su cabeza se ha golpeado fuertemente contra la columna antes de desplomarse completamente.

Me he acordado María Jesús, una chica con la que iba a clase de alemán hace unos años. A raíz de un accidente a ella le pasaba algo parecido con cierta frecuencia. Teníamos bastante confianza, así que me contó lo que le ocurría y qué tenía que hacer en esos casos por si alguna vez le ocurría en clase, pensando (y con razón) que el resto de la clase se asustaría y no sabría cómo reaccionar. En el tiempo que compartimos clase tuve que atenderla en tres o cuatro ocasiones.

Acordándome de María Jesús, me he ocupado del chico lo mejor que he podido (pido disculpas a los médicos que puedan estar leyendo esto), al menos en los instantes iniciales de confusión general. Luego, poco a poco, la gente de la oficina se ha movilizado y ha realizado las llamadas pertinentes. Para cuando han llegado la ambulancia y su familia, el chico ya estaba consciente y no tenía lesiones aparentes en la cabeza, sólo estaba desorientado y no comprendía lo que había sucedido. Parece que la cosa no ha ido más allá.

Normalmente en este sitio hablo de cacharrería, de software y aplicaciones web. Hablo de sistemas a los que les exigimos una robustez tremenda, que estén funcionando sin errores 24 horas al día y 365 días al año, a los que no les permitimos el menor fallo. Y si lo tienen nos quejamos.

Las personas, en cambio, somos el sistema más maravilloso y complejo que existe. Y sin embargo somos tremendamente frágiles, tanto física como emocionalmente... Tal vez ahí resida la magia...

Publicado por Agustín a las 11:44

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