Por decir algo...
El (Beta)Blog de Agustín Raluy
sábado, enero 22, 2005

Se fue la niebla

El martes la niebla abandonó Zaragoza y en su lugar vino a ocuparlo un espléndido y cálido sol, acompañado en ocasiones de este viento que tanto queremos por estas tierras.

Pero en este post no quería hablar de meteorología, sino más bien sobre mí. Ya sé que no soy tan interesante como otras cosas sobre las que escribo habitualmente, pero alguna ventaja tenía que tener ser el editor de todo esto. Hace unos días comentaba que tenía que decidir qué quería hacer con mi futuro profesional y bueno... parece que el horizonte ya está más despejado. Puedo considerarme muy afortunado, el más afortunado del mundo, por tener a gente tan estupenda alrededor. A principios de diciembre, en el mismo momento en el que alguien se encargó de decidir por mí que mi carrera en la Universidad había terminado, Julio y Carlos se acercaron con sendas ofertas laborales. La primera en el sector privado y la segunda más vinculada al ámbito universitario.

A lo largo de la semana anterior, a la vuelta de Navidades, tuve la oportunidad de conocer los detalles concretos de las dos propuestas, sopesé los pros, contras e implicaciones en distintos horizontes temporales de las mismas y a lo largo del fin de semana pasado terminé de tomar la decisión. Muchas gracias papá, mamá, Ana, Pilar, Raquel, Enrique, Fernando, Domingo, Pau, José Ángel, Jesús, Carlos, Julio, Ángel, Itziar, Marta... por vuestro consejo y apoyo. Finalmente ayer viernes di el sí a la alternativa privada, todo un camino de nuevos retos. No quiere esto decir que vaya a dejar a nadie colgando, nunca he sido de los que abandonan. Planteamos un plan de incorporación progresivo que me permitirá cumplir con los compromisos ya adquiridos hasta septiembre y cerrar los frentes que tenía abiertos. Jamás hubiese aceptado una propuesta que me hubiese forzado a abandonar a mis alumnos, a mi querida Escuela, antes de hora. Incluso pude pactar la continuidad de mi vinculación con la Escuela (únicamente docente) si es que la Universidad, concurso mediante, lo considera conveniente. Un nuevo e ilusionante trabajo compatible con el placer de enseñar. Definitivamente puedo considerarme afortunado. ¿Qué más puedo pedir? Sólo seguir siendo yo mismo...

No sé, esta última semana he estado como en una nube... más libre, más relajado... he seguido mis impulsos, he conocido a gente excepcional... Como en Zaragoza, ha llegado el viento de cambio y se ha llevado la niebla. Por delante, sólo queda el sol...

Nota mental: tengo que comprar caramelos.

Publicado por Agustín a las 19:22

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