Por decir algo...
El (Beta)Blog de Agustín Raluy
miércoles, diciembre 15, 2004

Este es el (beta)blog oficial de Agustín Raluy

Hace unos años la palabra de moda era digital. No se concebía ningún nuevo producto ni servicio sin tan ilustre apellido: audio, video, libros, comunicaciones... todo digital. Gurúes varios preconizaban que todo lo que pudiese ser digitalizado y puesto en la red debía serlo y que aquellos que no lo hiciesen se quedarían fuera del nuevo mundo... tambien digital, por cierto.

Pero como todas las modas, estas terminan por pasar tarde o temprano y son sustituidas por otras. Las compañías que apostaron por aquella palabra no tardaron en darse cuenta de que el nuevo mundo que había impulsado no era exactamente como les habían dicho. Unas pocas afortunadas descubrieron que no bastaba con estar, sino que además se trataba de hacer las cosas bien. Comprobaron como este nuevo mundo era un mundo mucho más democrático, un mundo en el que cualquier individuo con una buena idea y con un poco de saber hacer y de comprender el entorno puede hacer grandes cosas. Un mundo en el que las barreras a la creación y a la expresión desaparecen y nos sitúan a todos en el mismo nivel. Publicar nunca fue tan fácil.

Muchos han visto esta libertad como una amenaza a su posición dominante en lugar de considerarlo como una oportunidad e intentan luchar con todos sus medios contra ello para mantener el statu quo. Podría hablar de patentes, de derechos de explotación, de propiedad intelectual, de derechos de autor... pero de todos esos temas hay gente que sabe mucho más que yo y además escribe más bonito. Prefiero quedarme con la oficialidad...

Oficial es otra palabra de moda. Cada día entramos en webs oficiales de escritores, películas, grupos musicales... la ropa deportiva oficial de cualquier equipo es de una determinada marca, videojuegos oficiales de todo sobre lo que pueda hacerse un videojuego...

Leamos primero qué debería entenderse (R.A.E.) por oficial:
Que es de oficio, o sea que tiene autenticidad y emana de la autoridad derivada del Estado, y no particular o privado.

Curioso... sólo el Estado parece poder otorgar esa oficialidad. Sin embargo todo el mundo lo hace: ahora mismo podría decretar que esto que estáis leyendo es mi (beta)blog oficial y que sólo consiento aparecer en este lugar. Que todas las demás referencias a mi nombre son falsas, que los sitios en los que aparece están faltos de la calidad necesaria para albergarlo y que gente que los mantiene merecería ir al infierno por abusar de mi buen nombre y emborronarlo. Podría decir todo eso y quedarme tan ancho. Aunque claro, también podría autorizar a determinadas personas a escribir sobre mi a cambio de un puñado de euros... (o de Neuros, que también me hace ilusión y además rima)

Porque al final se tarda de eso, de euros. Una figura de prestigio presta su nombre para que un producto (oficial a partir de ese momento) incremente sus ventas a cambio de una contraprestación económica. A partir de ahí ya no se vende por sus parámetros objetivos, por su calidad sino que se vende por la asociación con esa figura. Asociación que por otra parte suele venir acompañada de una licencia de sobreprecio.

Parece razonable, un win-win deal: la figura pública gana, el productor gana, el comerciante gana, el consumidor (que obtiene una mayor utilidad de su compra) gana, todos ganamos... ganamos hasta que la oficialidad se erige en un muro contra la creación. Ganamos hasta que el sello de oficial se convierte en requisito imprescindible para asegurar el éxito de cualquier propuesta, por buena que sea. Sólo tenemos, por ejemplo, que entrar en la web oficial de nuestro grupo favorito. Y a continuación hacer los mismo en cualquiera de las otras 800 no oficiales para darnos cuenta de que pueden ser bastante mejores. Mejores porque en lugar de con dinero, han sido hechas con amor... Ganamos hasta llevar el modelo a límites absurdos y al todo está venta.

Y como muestra, un botón. Esta misma mañana de camino a la Escuela he entrado a FNAC a buscar un libro que desgraciadamente no tenían. Sin embargo no me he ido de vacío. Al pasar por la sección de video he visto algo que no he podido resistir la tentación de fotografiar:

Beckham
(click para ampliar)

¿Alguien da más?

Update 16-XII-2004: Añadido enlace a una columna de Enrique Dans sobre el tema de las patentes.

Publicado por Agustín a las 11:48

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