Por decir algo...
El (Beta)Blog de Agustín Raluy
sábado, enero 15, 2005

Universidad nocturna

Ayer por la noche me pasó algo bastante curioso. Serían las 21h45 cuando salía de la Universidad (suficiente para ser un viernes por la noche...) y me dirigía caminando hacia la parada de autobuses que hay en el otro extremo del campus. Pues bien, a la altura del edificio Betancourt, donde están los famosos contenedores, me crucé con una chica que venía en sentido contrario.

Me paró y muy sonriente me preguntó por una profesora. Quería saber si todavía estaba en su despacho. Al contestarle que no, me preguntó por otra, y le indique que a esas horas el centro ya estaba cerrado y no quedaba nadie dentro salvo el vigilante (suelo ser el último en salir casi todos los días). Así que continuamos caminando juntos hasta la parada del autobús. Después de preguntarme qué estudiaba (sí, todavía me lo preguntan, qué le vamos a hacer) me comentó que había estado trabajando todo el día y que no había podido encontrar otro horario para visitar la Escuela. Por un momento creí que me estaba tomando el pelo... ¿quién va a la Universidad en general y a mi Escuela en particular esperando encontrar a alguien casi a las diez de la noche de un viernes? Luego me explicó que en su país (Venezuela) hay clases nocturnas y que se pueden encontrar tanto a profesores como a personal administrativo hasta casi la medianoche. Cada día se aprende algo nuevo...

Casualmente los dos cogíamos el mismo autobús, así que continuamos la animada conversación en el mismo. Nos presentamos (todavía no lo habíamos hecho). Se llamaba Mari (o Mary, no lo escribió) y era venezolana, de Caracas. Me contó que llevaba ya un tiempo en España, viviendo en un pueblo pequeñito cuidando de unos ancianos, y que hacía un mes ahora se había trasladado a Zaragoza con ellos. Venía a la Universidad porque está en tramites para homologar el título obtenido en su país y quería preparar el examen. Me dijo que le gustaba mucho la ciudad pero que todavía no conocía mucha gente, y que incluso se había apuntado a un gimnasio precisamente para hacer algo de vida social. Esperaba la homologación del título para poder buscar un trabajo acorde a sus estudios e integrarse un poquito más. Ante todo quería integrarse, porque no tenía ninguna intención de volver algún día a su país. Me contó que allí se sentía insegura, tenía miedo. Me contó cómo le habían puesto el cuchillo en el cuello varias veces por unas monedas, cómo la secuestraron en otra ocasión, cómo mataron a su hermano para robarle el coche...

Escucharle contar todo eso y al mismo tiempo ver sus ojos llenos de esperanza por la nueva vida con la que sueña aquí me dio mucho que pensar... muchas veces no nos damos cuenta de lo afortunados que somos por vivir donde vivimos y como vivimos... Finalmente llegó mi parada y nos despedimos. Sentí un impulso de quedarme y seguir hablando un rato más pero, no sé por qué, no lo hice. No sé si nos volveremos a ver (supongo que algún día volverá por la Escuela), en todo caso querría aprovechar estas lineas para desearle mucha suerte en todo lo que haga. Y mucho ánimo...

Publicado por Agustín a las 19:49

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